
La cabeza separada ya del cuerpo
contempla todo de otra forma
Sin significado alguno
Sin palabras
Sin desesperación
(Lo supo Guillotin al proponer la máquina)
Y alcanza en ello lo indecible
Y lo atraviesa
Pero desde adentro
(tal cual lo hizo Pelletier desde la bolsa
en la que recogieron su testa recién cortada)
Desde la sangre misma
que nos llora
Y se alarga
después hasta nosotros
cuando la lluvia cae
destiñendo todo
Y yo miro el humo del cigarro que se apaga
y me endemonio.

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